Habían caminado
por varias horas, el camino se hacía cada vez más hostil y costaba mucho
movilizarse en el, la espesura de la selva era la culpable, el camino se hacía
más pantanoso a cada segundo, a la que más le costaba pasar por esos lugares
era a Shannon, pues su vestido le impedía en algunos momentos el paso, su
cabello se enredaba en todos lados, pues era muy largo, pues las princesas por
obligación tenían que tener el cabello de un largo muy extenuante, su pelo
estaba recogido en una gran trenza que le llegaba hasta las rodillas y decorado
con muchas trenzas de tamaño pequeño en la parte superior, esas pequeñas
trenzas le daban un poca de volumen y altura.
La larga trenza de
Shannon se embrolló en una rama, Dakota ya estaba un poco aturdida por ir
desenredando a cada momento el cabello de Shannon, así que sacó una de las
dagas que llevaba y le cortó la trenza, Shannon gritó al enterarse de la que
había hecho Dakota, estaba asustada, la reina la mataría si se daba cuenta de
que se había cortado el pelo sin su real permiso, el pelo le había quedado
hasta los hombros.
-Ahora se te hará
más fácil movilizarte en esta tipo de lugares- le dijo Dakota a Shannon- es un
favor el que te hice.
-La reina me
matará si se da cuenta de esto- dijo preocupada Shannon- es una regla la que
acabas de romper, e ti no te pasará nada, por suerte, pero a mí, no tienes idea
de lo que me espera, pero a la vez te doy gracias, pues ya no siento tan pesada
la cabeza, y ya no me incomoda el cabello.
-Pero todavía hay
algo en ti que no me convence del todo- dijo Dakota- si tan solo pudiéramos
corregir esos también, todo te sería más fácil a ti.
-¿Qué es lo que
aún no te convence en mí?- preguntó Shannon- dímelo y veré si puedo encontrarle
solución.
-Claro que tiene
solución- dijo Dakota mientras se acercaba a Shannon con daga en mano, Dakota
comenzó a quitarle capas y capas del vestido, una gran cantidad de tela quedó
sobre el lodoso suelo, el vestido de Shannon ya no era tan exorbitante, era un
poco más ligero y cómodo, pero aún mantenía su despampanante color- ahora ya
está mucho mejor.
-Arruinaste mi
vestido- exclamó Shannon- pero nunca me había sentido tan cómoda como me siento
hoy, es tan liberante, tengo unas grandes ganas de romper todas las reglas, si
es que todas al romperlas se sintieran igual que como me siento ahora.
-Creo que el corsé
no permitía que te llegara oxígeno al cerebro- indicó Lia- al fin te alejaras
de toda esa etiqueta que no te ha traído nada bueno hasta ahora.
Ya estaban cerca
del mausoleo que formaba parte del castillo de Ragenil, el castillo, de aspecto
terrorífico, estaba rodeado por una alta muralla, la entrada estaba hecha de un
resistente metal, lo que parecía ser el jardín, estaba cubierto por losas,
algunas muy antiguas, ellos llamaron a la puerta, uno de los lacayos de Ragenil
fue el que llegó.
-¿Qué es lo que
quieren?- preguntó el vampiro.
-Queremos ver a tu
ama- respondió Dakota- tenemos algo muy importante que hablar con ella, déjanos
entrar.
El vampiro dudó
por unos momentos el dejarlos entrar, pero los dejó pasar considerando de que
su ama se los devoraría en un abrir y cerrar de ojos.
-Está bien-
respondió el vampiro- pueden pasar, pero no les garantizo su seguridad, es un
riesgo que ustedes toman y al cual no me opondré.
El vampiro los
dirigió por el castillo, la mayoría de los sirvientes de Ragenil eran vampiros,
pero habían uno pocos que no lo eran, el olor que emanaba del lugar era muy desagradable,
olía a putrefacción y podredumbre. Llegaron al salón en el que se encontraba
Ragenil, ella no era como se la habían imaginado, ellos pensaban que sería un
ser espeluznante y tenebroso, pero no era en absoluto parecido a sus
representaciones, su piel extremadamente pálida, de aspecto joven, pero un poco
mayor, cabello ondulado y negro, engalanada con un vestido de corsé y de falda
amplia que caía con naturalidad, el vestido era de un fuerte color vino al
igual que sus ojos y sus labios, era bonita, inspiraba confianza en lugar de
miedo, pues su aspecto era como el de una dama dulce pero madura, poseía una
mirada penetrante.
Ragenil pareció
muy sorprendida al ver a Valeria y Dakota, pero nadie se dio cuenta de la
impresión que le habían causado a la antediluviana, ella estaba estupefacta, era
una impresión muy grande la que le habían causado estas dos chicas, por eso
decidió no comérselos a todos y escuchar lo que tenían para decirle.
-¿Qué es lo que
quieren?- preguntó obstinada Ragenil con una voz que indicaba poder- no me
hagan perder mi tiempo.
-Queremos el mapa
de los montes Mancro- contestó Dakota.
-¿Qué les hace
pensar que les voy a ceder tan fácilmente esos mapas que yo he guardado tan
celosa mente por muchos años?- preguntó Ragenil.
-Es obvio que
necesitamos tu ayuda- exclamó Dakota- pero tú también necesitas de nuestra
ayuda, te servirá de mucho lo que te ofrecemos.
-Yo no necesito la
ayuda de nadie- indicó Ragenil- y mucho menos la de ustedes, lárguense antes de
que me los devore, pues hoy estoy de buenas y no tengo mucho apetito.
-Nosotros te
podríamos liberar del hechizo que te mantiene encerrada en este castillo-
agregó Dakota- si es que así lo deseas.
-¿Qué hecho…? Así
que estarían dispuestos a todo por el mapa, ¿Se arriesgan a morir?-
preguntó Ragenil después de dudar por un
momento.
-Solo danos el
mapa y te ayudaremos- dijo Bran- no te cuesta nada.
-Acepto la
propuesta- dijo Ragenil en un tono sombrío- les daré el mapa y después de eso
tendrán que cumplir lo que han prometido, de lo contrario, dos de ustedes serán
mi cena. Considerando el favor que quieren hacerme, no los dejaré a la
intemperie, esta noche se podrán quedar en mi morada, si es que no les da
pánico, no teman no les haré nada, mañana les entregaré el mapa y se podrán
marchar, pero hoy se quedaran aquí, haré un gran esfuerzo por no devorarlos.
Después de que
Ragenil dijo sus últimas palabras, uno de sus lacayos traía consigo a una
joven, la joven se encontraba encadenada y muy temerosa, el sirviente se la
entregó e Ragenil- despídete de tu vida-le dijo Ragenil a la chica mientras la
tomaba por el cuello y le incrustaba los colmillos, la chica gritaba y
pataleaba, Ragenil no la soltaba, la soltó, la chica aún estaba viva, su físico
ahora ya no era tan joven como el de antes, la chica se veía muy vejestoria,
así que Ragenil la ahorcó con sus propias manos y lanzó su cuerpo por una
ventana que se rompió en un sinfín de fragmentos, fue entonces que unas ojeras
que se podían apreciar en el rostro de Ragenil fueron desapareciendo
espontáneamente.
Quedaron atónitos
al ver semejante escena, a Katie hasta nauseas le dieron, Ragenil salió de la
habitación y llegaron unos sirvientes para dirigirlos a ellos a las
habitaciones que Ragenil les había asignado a cada uno. El castillo era muy
grande y la mayoría de sus ventanas estaban rotas, o todos les fue asignado un
cuarto diferente, ellos estaban temerosos y asustados, el miedo los doblegaba,
el miedo era lo que ellos menos querían en ese momento, pero ahí estaba y no se
alejaba, a cada instante se fortalecía y los confundía, su temor, su temor era
la muerte, Ragenil una despiadada vampiresa sin escrúpulos, ¿Cómo no tenerle
miedo a quien autoridad inspira?
Nadie durmió en
toda la noche, cada quien se mantenía en guardia en su propia habitación, no
era segura dormir y mucho menos confiarse de la hospitalidad que les habían
brindado, una hospitalidad que bien podría ser un trampa muy bien planeada pero
sin fundamentos concretos y certeros. Ya se encontraban listos para marcharse,
pero Ragenil les dijo que no podían marcharse, porque una fuerte tormenta se
avecinaba, ella tenía razón, así que no les quedó de otra que obedecerla,
aunque no lo quisiesen, se tendrían que marchar hasta el siguiente día, tendrían
que volver a pasar otra noche en esa escalofriante mansión que tanto pavor les
causaba.
Valeria no sentía
tanto miedo por la presencia de Ragenil, raramente, Ragenil le inspiraba a ella
un aire de confianza, como que si la conociese y no tuviera que temerle,
Valeria sentía una gran curiosidad por saber más sobre la vida de Ragenil,
estaba muy intrigada, era muy poco lo que conocía sobre ella, los demás no
querían que Valeria resolviera sus dudas preguntándoselas a Ragenil, pensaban
que tal vez se enojaría y los mataría, pero Valeria hizo caso omiso a las
sugerencias que le daban y comenzó a buscar Ragenil por todo el castillo, los
demás, por miedo de que le pasara algo a velería, la siguieron, Valeria
encontró el salón en el que se encontraba Ragenil, se quedó a un paso de
entrar, por una parte no quería entrar. Ragenil supo que Valeria se encontraba
a unos pocos pasos de ella.
-Sé que estás ahí-
dijo Ragenil-entra, sé lo que estás pensando y lo que quieres preguntarme,
entren no les haré nada, no se queden detrás de la pared, puedo leer sus
mentes.
-Vas a responder o
me dejaras con la duda- dijo Valeria.
-No es lo mismo
saber qué es lo que quieres preguntarme que oírlo de tus propias palabras- dijo
Ragenil- así que, pregúntamelo, quiero oírlo de tu boca no de mi mente.
-Quiero saber
quién eres en verdad, ¿Por qué eres tan cruel? ¿En qué tiempo viviste en la
Tierra?- preguntó muy afanada Valeria.
-Bien es sabido
que aquí en Crenostro todos me conocen como Ragenil la antediluviana, pero no
siempre ese ha sido mi nombre, antes, mucho más antes de que nos enviaran a
Vandestia, yo era llamada Lapni, no Ragenil, yo era la hermana mayor de Catni,
ustedes saben lo que le pasó a mi hermana, por eso detesto a los humanos, los
aborrezco, los odio. Yo vivía con mis padres en un pueblo muy bonito y
atrayente, con mi hermana nos llevábamos muy bien, en ese tiempo las dos éramos
neonatas fase inicial, mis padres eran Antiguos y por eso era que gobernaban
sobre la aldea de vampiros, pues eran los de mayor edad, mi padre era un cruel
y despiadado, no como mi madre, ella era más tranquila, mi padre nos obligaba a
matar, aunque nosotras no quisiésemos.
Cuando los humanos
mataron a mi hermana, tomé venganza junto con ellos, después de beber tanta sangre,
nos hicimos más poderosos y pasé a ser una neonata fase avanzada, mis poderes
habían aumentado mucho, yo maté a muchos, incluyendo inocentes criaturas, que
nada tenían que ver con lo que pasaba, pero yo me encargue de asesinar al padre
de aquel humano que tanto mal nos había causado, recuerdo aquella extraña
sensación cuando sentí su cuerpo inerte, era algo nuevo para mí, la venganza me
comenzó a gustar, esa satisfacción se apoderó de mí, era algo incontrolable,
maté incesantemente ese día, no tuve escrúpulos, después de eso ya no quise
salir al mundo exterior y mucho menos juntarme con los humanos, yo ya no quería
seguir causando más daño, yo era incontrolable, una verdadera vampiresa, nada
que ver con las de ahora, así que me aislé de todo y me mantuve encerrada.
Pasaron muchos
años así, después de un tiempo llegó el momento de que nos enviaran a Vandestia,
yo me sentía muy triste de que mi hermana ya no estuviera conmigo, era muy
difícil para mí. Pasaron cinco largos y caóticos años desde que habíamos
llegado aquí, en todo ese tiempo no probé sangre alguna, me estaba volviendo
loca, pero por el gran esfuerzo que había hecho, las deidades que habían en ese
momento me iban a recompensar, como vieron que yo me encontraba muy triste,
decidieron crear un bebé especialmente para mí, yo cuidaría de él, no la harían
las ninfas, yo lo cuidé como si fuese mío, ese bebé no tendría la necesidad de
beber sangre, sería diferente a los demás vampiros, el no cambiaría al llegar
más allá de los mil doscientos años, podría alimentarse de fruta y cualquier
otro comida diferente a la sangre, por lo demás él sería igual que un vampiro,
las deidades lo crearon así, porque sabían que yo quería que no fuera un
asesino, un sanguinario sin escrúpulos.
Ese niño vivió muchos
años conmigo, hasta que un día, una bruja nos hechizó a ambos, el hechizo decía
que él jamás podría regresar a este castillo y yo jamás podría salir del
castillo, esa bruja no trabajó sola, seguía las órdenes de alguien más, yo quiero vengarme de esa otra
persona y de la bruja.
Antes de que
pasara todo eso, las deidades me habían prometido que me convert9irian en una
de ellos y podría seguir cuidando del niño hasta que este ya se pudiera defender
por sí solo, pero mi madre los convenció de que no sería apropiado que yo fuera
una de ellos, porque yo aún era muy joven y sería más conveniente ella, desde
entonces ya no la he vuelto a ver, desde entonces ella me aborreció, en
realidad, ella nunca me quiso como lo hizo con mi hermana, así que esta era la
mejor manera de alejarse de mí.
Solo quedaba mi
padre, él quería asesinar a ese niño, pero yo no se lo permití, su odio era tan
grande hacia el indefenso bebé, decía que un vampiro tenía que ser un verdadero
vampiro, nada de modificaciones, una noche el me lo robó, pero yo me pude dar
cuenta a tiempo y lo perseguí, lo iba a tirar desde un acantilado, pues como no
era un vampiro completo podía morir fácilmente, pero todo salió al revés y yo
terminé matando a mi propio padre, pero no porque yo quisiese, sin darme cuenta, cuando le
quité al niño de sus manos lo dejé caer a él desde esa gran altura, obviamente
la caída no lo mató, pero el cayó sobre unas grandes barras de hierro que le
atravesaron el cuerpo. Mi vida ha sido un total sufrimiento, no se la desearía
ni a mi peor enemigo, pero desde aquel
hechizo ya no he vuelto a ver a mi querido hijo, él se llamaba Balduin.
Pero esto me ha
dado otra idea, ya no será solo el hechizo el que tendrán que romper, si
quieren que les dé el mapa tendrán también que encontrar a Balduin y es una
orden o los mato. Habían pasado muchos años y empecé a notar que dentro de unos
cuantos años ya no me vería igual de joven que antes y por eso llamé al brujo,
por esa razón empecé a asesinar, lo que quería yo era belleza eterna, pero
aparte de eso también quería que mi hijo me volviera a reconocer, la idea no
era convertirme en una asesina, pero las cosas no salieron como yo quería, pero
ahora disfruto lo que hago, ahora todo es insaciable, ya ni yo misma me puedo
controlar, pero no intento controlarme, me gusta ser como soy ahora, esta
asesina es lo que yo soy en verdad, lo que tuve que haber sido desde el
principio.
Jamás encontré el
amor, mis problemas no me permitieron casarme, no pude ser feliz de esa manera,
cuando al fin conocí a alguien, rápidamente nos separamos, me costó mucho
llegar a donde estoy, a ser respetada por lo demás, aunque me haya costado
derramar mucha sangre, ahora prefiero tener romances pasajeros, con los pocos
que se atreven, con los pocos que tienen el valor de estar en mi castillo, pues
siempre seré joven. El tiempo pasa y las cosas se olvidan, pero para mí no es
así, el tiempo no hace que se me olviden los malos tragos que me ha dado la
vida.
Después de decir
esto, Ragenil salió del lugar, no sin antes dirigirse a Dakota y le susurro
unas palabras al oído, las cuales la dejaron muy tranquila e inquieta, lo único
que se pudo oír de lo que Ragenil le dijo a Dakota fueron unas pocas palabras:
“Sé cuál es tu plan”. Eso era lo único que se pudo oír. Ragenil les advirtió
que en la aldea Vampir todos los vampiros eran malos y que lo mejor sería
matarlos por si los atacaban, en toda la noche ya no volvieron a ver a Ragenil.
Mientras la noche pasaba Valeria se encontró con Dakota.
-¿A qué se refería
Ragenil con lo que te dijo allá adentro?- preguntó Valeria.
-No le des
importancia- dijo Dakota- no era nada importante que valga la pena escuchar,
solo eran simples tonterías.
-Pensé que se
trataba de otra cosa, bueno, tienes que comprenderme, no solo a mí me extrañó,
hay que considerar que Ragenil no es de mucha confianza, no sé por qué, pero
siento que ya la había visto, es como si la conociese desde hace mucho,, pero
creo que solo es una locura mía.
-No lo creas así,
yo también siento que ya la he visto, pero no sé en donde, jamás me había
acercado por estos lados y mucho menos venir tan cerca de su casa.
-Es como un deja
vú.
-No hay que darle
importancia, mejor que la duda quede así, no vaya a ser que nos metamos en
problemas por esto, yo no quiero tener problemas con ella, no te precipites a
preguntarle de todo a los demás, en algún momento eso puede llegar a ser
riesgoso.
-Está bien, te
obedeceré, ya no le preguntaré nada, te lo aseguro… no sé nada de ti, dime todo
lo que quieras decirme.
-No hay nada que
decir- dijo Dakota mientras se alejaba.
Cuando salieron de
la mansión de Ragenil empezaron a escuchar los gritos de sus víctimas, los
cuervos se paseaban por el panteón, que simulaba un jardín, anunciando la
muerte de los inocentes sibrejus asesinados por la vampiresa más cruel de todo
Crenostro, asesina infame creadora de grandes hecatombes. Los cuervos, oscuros
como la noche, estremecían a cualquiera que los viera descansando, sobre las
ramas de los árboles que rodeaban el castillo.
Dakota se sentía
tranquila de haber salido de ese lugar, de ese palacio tan parecido a un
castillo medieval muy antiguo por la decoración de su interior, con pasadizos
secretos y un toque gótico por fuera y por dentro, sus terroríficas gárgolas,
que se podían encontrar en cualquier esquina y un gran salón cerrado con varios
cerrojos de gran tamaño en donde todos supusieron que ella mantenía a sus
víctimas. La plata no era bienvenida en los aposentos de Ragenil, solo oro
poseía, la plata para ella era maldita, las sombras se apoderaban del lugar, lo
que más presente tenía Dakota era esa gran gema en forma de gota de color vino
que Ragenil llevaba en un llamativo collar, esa gema roja era de un color muy
intenso y llamativo.
Contiguo estaban
de la aldea Vampir, era escalofriante, se veía muy desolada desde lo lejos,
pero sabían que eso no era cierto, la aldea estaba cundida de feroces vampiros,
lo mejor era atravesarla de día, pues en ese lugar ningún vampiro ocupaba el
anillo, todos eran débiles a la luz del sol, pero poderosos cuando la luna se
alzaba en lo alto del cielo.
Tuvieron que
atravesar la aldea Vampir de día, la aldea era grande, dudaban salir en el
atardecer, el solo hecho de saber que la noche pronto se aproximaba les causaba
una consternación muy grande como para detenerse a descansar, seguían a paso
firme y sin vacilaciones, Dakota era la que iba a la cabeza, rápidamente
caminaba por todo el lugar, no intentaba detenerse por ninguna razón, el
retraso en este momento les podía resultar muy peligroso y hasta mortal.
Cuando anocheció,
ya se encontraban a un a distancia considerable de la aldea y muy poco les
faltaba para llegar a los montes Mancro. La travesía fue muy complicada por la
abundancia de gigantescos peñascos por los cuales tendrían que escalar para
llegar a las grandes cavernas donde residían los tres adivinos encerrados en
oráculos, las rocas eran muy lisas y puntiagudas, lo cual volvía más tedioso e
insoportable el camino, pero no toda la travesía hasta lo más alto de la
montaña fue así, cuando ya estaban un poco más en lo alto del camino se hizo más fácil.
El cansancio los
venció a pocos tres kilómetros de las cavernas, decidieron descansar y
continuar hasta el día siguiente, la noche era muy fría, ni siquiera la fogata
los lograba mantener en calor, en parte el frío se debía a la gran altura en la
que se encontraban, la neblina les impedía ver, esa fue otra razón por la que
decidieron ceder al recorrido.



