viernes, 20 de marzo de 2015

Capítulo 13

    Habían caminado por varias horas, el camino se hacía cada vez más hostil y costaba mucho movilizarse en el, la espesura de la selva era la culpable, el camino se hacía más pantanoso a cada segundo, a la que más le costaba pasar por esos lugares era a Shannon, pues su vestido le impedía en algunos momentos el paso, su cabello se enredaba en todos lados, pues era muy largo, pues las princesas por obligación tenían que tener el cabello de un largo muy extenuante, su pelo estaba recogido en una gran trenza que le llegaba hasta las rodillas y decorado con muchas trenzas de tamaño pequeño en la parte superior, esas pequeñas trenzas le daban un poca de volumen y altura.
    La larga trenza de Shannon se embrolló en una rama, Dakota ya estaba un poco aturdida por ir desenredando a cada momento el cabello de Shannon, así que sacó una de las dagas que llevaba y le cortó la trenza, Shannon gritó al enterarse de la que había hecho Dakota, estaba asustada, la reina la mataría si se daba cuenta de que se había cortado el pelo sin su real permiso, el pelo le había quedado hasta los hombros.
    -Ahora se te hará más fácil movilizarte en esta tipo de lugares- le dijo Dakota a Shannon- es un favor el que te hice.
    -La reina me matará si se da cuenta de esto- dijo preocupada Shannon- es una regla la que acabas de romper, e ti no te pasará nada, por suerte, pero a mí, no tienes idea de lo que me espera, pero a la vez te doy gracias, pues ya no siento tan pesada la cabeza, y ya no me incomoda el cabello.
    -Pero todavía hay algo en ti que no me convence del todo- dijo Dakota- si tan solo pudiéramos corregir esos también, todo te sería más fácil a ti.
    -¿Qué es lo que aún no te convence en mí?- preguntó Shannon- dímelo y veré si puedo encontrarle solución.
    -Claro que tiene solución- dijo Dakota mientras se acercaba a Shannon con daga en mano, Dakota comenzó a quitarle capas y capas del vestido, una gran cantidad de tela quedó sobre el lodoso suelo, el vestido de Shannon ya no era tan exorbitante, era un poco más ligero y cómodo, pero aún mantenía su despampanante color- ahora ya está mucho mejor.
    -Arruinaste mi vestido- exclamó Shannon- pero nunca me había sentido tan cómoda como me siento hoy, es tan liberante, tengo unas grandes ganas de romper todas las reglas, si es que todas al romperlas se sintieran igual que como me siento ahora.
    -Creo que el corsé no permitía que te llegara oxígeno al cerebro- indicó Lia- al fin te alejaras de toda esa etiqueta que no te ha traído nada bueno hasta ahora.
    Ya estaban cerca del mausoleo que formaba parte del castillo de Ragenil, el castillo, de aspecto terrorífico, estaba rodeado por una alta muralla, la entrada estaba hecha de un resistente metal, lo que parecía ser el jardín, estaba cubierto por losas, algunas muy antiguas, ellos llamaron a la puerta, uno de los lacayos de Ragenil fue el que llegó.
    -¿Qué es lo que quieren?- preguntó el vampiro.
    -Queremos ver a tu ama- respondió Dakota- tenemos algo muy importante que hablar con ella, déjanos entrar.
    El vampiro dudó por unos momentos el dejarlos entrar, pero los dejó pasar considerando de que su ama se los devoraría en un abrir y cerrar de ojos.
    -Está bien- respondió el vampiro- pueden pasar, pero no les garantizo su seguridad, es un riesgo que ustedes toman y al cual no me opondré.
    El vampiro los dirigió por el castillo, la mayoría de los sirvientes de Ragenil eran vampiros, pero habían uno pocos que no lo eran, el olor que emanaba del lugar era muy desagradable, olía a putrefacción y podredumbre. Llegaron al salón en el que se encontraba Ragenil, ella no era como se la habían imaginado, ellos pensaban que sería un ser espeluznante y tenebroso, pero no era en absoluto parecido a sus representaciones, su piel extremadamente pálida, de aspecto joven, pero un poco mayor, cabello ondulado y negro, engalanada con un vestido de corsé y de falda amplia que caía con naturalidad, el vestido era de un fuerte color vino al igual que sus ojos y sus labios, era bonita, inspiraba confianza en lugar de miedo, pues su aspecto era como el de una dama dulce pero madura, poseía una mirada penetrante.
    Ragenil pareció muy sorprendida al ver a Valeria y Dakota, pero nadie se dio cuenta de la impresión que le habían causado a la antediluviana, ella estaba estupefacta, era una impresión muy grande la que le habían causado estas dos chicas, por eso decidió no comérselos a todos y escuchar lo que tenían para decirle.
    -¿Qué es lo que quieren?- preguntó obstinada Ragenil con una voz que indicaba poder- no me hagan perder mi tiempo.
    -Queremos el mapa de los montes Mancro- contestó Dakota.
    -¿Qué les hace pensar que les voy a ceder tan fácilmente esos mapas que yo he guardado tan celosa mente por muchos años?- preguntó Ragenil.
    -Es obvio que necesitamos tu ayuda- exclamó Dakota- pero tú también necesitas de nuestra ayuda, te servirá de mucho lo que te ofrecemos.
    -Yo no necesito la ayuda de nadie- indicó Ragenil- y mucho menos la de ustedes, lárguense antes de que me los devore, pues hoy estoy de buenas y no tengo mucho apetito.
    -Nosotros te podríamos liberar del hechizo que te mantiene encerrada en este castillo- agregó Dakota- si es que así lo deseas.
    -¿Qué hecho…? Así que estarían dispuestos a todo por el mapa, ¿Se arriesgan a morir?- preguntó  Ragenil después de dudar por un momento.
    -Solo danos el mapa y te ayudaremos- dijo Bran- no te cuesta nada.
    -Acepto la propuesta- dijo Ragenil en un tono sombrío- les daré el mapa y después de eso tendrán que cumplir lo que han prometido, de lo contrario, dos de ustedes serán mi cena. Considerando el favor que quieren hacerme, no los dejaré a la intemperie, esta noche se podrán quedar en mi morada, si es que no les da pánico, no teman no les haré nada, mañana les entregaré el mapa y se podrán marchar, pero hoy se quedaran aquí, haré un gran esfuerzo por no devorarlos.
    Después de que Ragenil dijo sus últimas palabras, uno de sus lacayos traía consigo a una joven, la joven se encontraba encadenada y muy temerosa, el sirviente se la entregó e Ragenil- despídete de tu vida-le dijo Ragenil a la chica mientras la tomaba por el cuello y le incrustaba los colmillos, la chica gritaba y pataleaba, Ragenil no la soltaba, la soltó, la chica aún estaba viva, su físico ahora ya no era tan joven como el de antes, la chica se veía muy vejestoria, así que Ragenil la ahorcó con sus propias manos y lanzó su cuerpo por una ventana que se rompió en un sinfín de fragmentos, fue entonces que unas ojeras que se podían apreciar en el rostro de Ragenil fueron desapareciendo espontáneamente.
    Quedaron atónitos al ver semejante escena, a Katie hasta nauseas le dieron, Ragenil salió de la habitación y llegaron unos sirvientes para dirigirlos a ellos a las habitaciones que Ragenil les había asignado a cada uno. El castillo era muy grande y la mayoría de sus ventanas estaban rotas, o todos les fue asignado un cuarto diferente, ellos estaban temerosos y asustados, el miedo los doblegaba, el miedo era lo que ellos menos querían en ese momento, pero ahí estaba y no se alejaba, a cada instante se fortalecía y los confundía, su temor, su temor era la muerte, Ragenil una despiadada vampiresa sin escrúpulos, ¿Cómo no tenerle miedo a quien autoridad inspira?
    Nadie durmió en toda la noche, cada quien se mantenía en guardia en su propia habitación, no era segura dormir y mucho menos confiarse de la hospitalidad que les habían brindado, una hospitalidad que bien podría ser un trampa muy bien planeada pero sin fundamentos concretos y certeros. Ya se encontraban listos para marcharse, pero Ragenil les dijo que no podían marcharse, porque una fuerte tormenta se avecinaba, ella tenía razón, así que no les quedó de otra que obedecerla, aunque no lo quisiesen, se tendrían que marchar hasta el siguiente día, tendrían que volver a pasar otra noche en esa escalofriante mansión que tanto pavor les causaba.
    Valeria no sentía tanto miedo por la presencia de Ragenil, raramente, Ragenil le inspiraba a ella un aire de confianza, como que si la conociese y no tuviera que temerle, Valeria sentía una gran curiosidad por saber más sobre la vida de Ragenil, estaba muy intrigada, era muy poco lo que conocía sobre ella, los demás no querían que Valeria resolviera sus dudas preguntándoselas a Ragenil, pensaban que tal vez se enojaría y los mataría, pero Valeria hizo caso omiso a las sugerencias que le daban y comenzó a buscar Ragenil por todo el castillo, los demás, por miedo de que le pasara algo a velería, la siguieron, Valeria encontró el salón en el que se encontraba Ragenil, se quedó a un paso de entrar, por una parte no quería entrar. Ragenil supo que Valeria se encontraba a unos pocos pasos de ella.
    -Sé que estás ahí- dijo Ragenil-entra, sé lo que estás pensando y lo que quieres preguntarme, entren no les haré nada, no se queden detrás de la pared, puedo leer sus mentes.
    -Vas a responder o me dejaras con la duda- dijo Valeria.
    -No es lo mismo saber qué es lo que quieres preguntarme que oírlo de tus propias palabras- dijo Ragenil- así que, pregúntamelo, quiero oírlo de tu boca no de mi mente.
    -Quiero saber quién eres en verdad, ¿Por qué eres tan cruel? ¿En qué tiempo viviste en la Tierra?- preguntó muy afanada Valeria.
    -Bien es sabido que aquí en Crenostro todos me conocen como Ragenil la antediluviana, pero no siempre ese ha sido mi nombre, antes, mucho más antes de que nos enviaran a Vandestia, yo era llamada Lapni, no Ragenil, yo era la hermana mayor de Catni, ustedes saben lo que le pasó a mi hermana, por eso detesto a los humanos, los aborrezco, los odio. Yo vivía con mis padres en un pueblo muy bonito y atrayente, con mi hermana nos llevábamos muy bien, en ese tiempo las dos éramos neonatas fase inicial, mis padres eran Antiguos y por eso era que gobernaban sobre la aldea de vampiros, pues eran los de mayor edad, mi padre era un cruel y despiadado, no como mi madre, ella era más tranquila, mi padre nos obligaba a matar, aunque nosotras no quisiésemos.
    Cuando los humanos mataron a mi hermana, tomé venganza junto con ellos, después de beber tanta sangre, nos hicimos más poderosos y pasé a ser una neonata fase avanzada, mis poderes habían aumentado mucho, yo maté a muchos, incluyendo inocentes criaturas, que nada tenían que ver con lo que pasaba, pero yo me encargue de asesinar al padre de aquel humano que tanto mal nos había causado, recuerdo aquella extraña sensación cuando sentí su cuerpo inerte, era algo nuevo para mí, la venganza me comenzó a gustar, esa satisfacción se apoderó de mí, era algo incontrolable, maté incesantemente ese día, no tuve escrúpulos, después de eso ya no quise salir al mundo exterior y mucho menos juntarme con los humanos, yo ya no quería seguir causando más daño, yo era incontrolable, una verdadera vampiresa, nada que ver con las de ahora, así que me aislé de todo y me mantuve encerrada.
    Pasaron muchos años así, después de un tiempo llegó el momento de que nos enviaran a Vandestia, yo me sentía muy triste de que mi hermana ya no estuviera conmigo, era muy difícil para mí. Pasaron cinco largos y caóticos años desde que habíamos llegado aquí, en todo ese tiempo no probé sangre alguna, me estaba volviendo loca, pero por el gran esfuerzo que había hecho, las deidades que habían en ese momento me iban a recompensar, como vieron que yo me encontraba muy triste, decidieron crear un bebé especialmente para mí, yo cuidaría de él, no la harían las ninfas, yo lo cuidé como si fuese mío, ese bebé no tendría la necesidad de beber sangre, sería diferente a los demás vampiros, el no cambiaría al llegar más allá de los mil doscientos años, podría alimentarse de fruta y cualquier otro comida diferente a la sangre, por lo demás él sería igual que un vampiro, las deidades lo crearon así, porque sabían que yo quería que no fuera un asesino, un sanguinario sin escrúpulos.
    Ese niño vivió muchos años conmigo, hasta que un día, una bruja nos hechizó a ambos, el hechizo decía que él jamás podría regresar a este castillo y yo jamás podría salir del castillo, esa bruja no trabajó sola, seguía las órdenes de  alguien más, yo quiero vengarme de esa otra persona y de la bruja.
    Antes de que pasara todo eso, las deidades me habían prometido que me convert9irian en una de ellos y podría seguir cuidando del niño hasta que este ya se pudiera defender por sí solo, pero mi madre los convenció de que no sería apropiado que yo fuera una de ellos, porque yo aún era muy joven y sería más conveniente ella, desde entonces ya no la he vuelto a ver, desde entonces ella me aborreció, en realidad, ella nunca me quiso como lo hizo con mi hermana, así que esta era la mejor manera de alejarse de mí.
    Solo quedaba mi padre, él quería asesinar a ese niño, pero yo no se lo permití, su odio era tan grande hacia el indefenso bebé, decía que un vampiro tenía que ser un verdadero vampiro, nada de modificaciones, una noche el me lo robó, pero yo me pude dar cuenta a tiempo y lo perseguí, lo iba a tirar desde un acantilado, pues como no era un vampiro completo podía morir fácilmente, pero todo salió al revés y yo terminé matando a mi propio padre, pero no porque  yo quisiese, sin darme cuenta, cuando le quité al niño de sus manos lo dejé caer a él desde esa gran altura, obviamente la caída no lo mató, pero el cayó sobre unas grandes barras de hierro que le atravesaron el cuerpo. Mi vida ha sido un total sufrimiento, no se la desearía ni a mi peor  enemigo, pero desde aquel hechizo ya no he vuelto a ver a mi querido hijo, él se llamaba Balduin.
    Pero esto me ha dado otra idea, ya no será solo el hechizo el que tendrán que romper, si quieren que les dé el mapa tendrán también que encontrar a Balduin y es una orden o los mato. Habían pasado muchos años y empecé a notar que dentro de unos cuantos años ya no me vería igual de joven que antes y por eso llamé al brujo, por esa razón empecé a asesinar, lo que quería yo era belleza eterna, pero aparte de eso también quería que mi hijo me volviera a reconocer, la idea no era convertirme en una asesina, pero las cosas no salieron como yo quería, pero ahora disfruto lo que hago, ahora todo es insaciable, ya ni yo misma me puedo controlar, pero no intento controlarme, me gusta ser como soy ahora, esta asesina es lo que yo soy en verdad, lo que tuve que haber sido desde el principio.
    Jamás encontré el amor, mis problemas no me permitieron casarme, no pude ser feliz de esa manera, cuando al fin conocí a alguien, rápidamente nos separamos, me costó mucho llegar a donde estoy, a ser respetada por lo demás, aunque me haya costado derramar mucha sangre, ahora prefiero tener romances pasajeros, con los pocos que se atreven, con los pocos que tienen el valor de estar en mi castillo, pues siempre seré joven. El tiempo pasa y las cosas se olvidan, pero para mí no es así, el tiempo no hace que se me olviden los malos tragos que me ha dado la vida.
    Después de decir esto, Ragenil salió del lugar, no sin antes dirigirse a Dakota y le susurro unas palabras al oído, las cuales la dejaron muy tranquila e inquieta, lo único que se pudo oír de lo que Ragenil le dijo a Dakota fueron unas pocas palabras: “Sé cuál es tu plan”. Eso era lo único que se pudo oír. Ragenil les advirtió que en la aldea Vampir todos los vampiros eran malos y que lo mejor sería matarlos por si los atacaban, en toda la noche ya no volvieron a ver a Ragenil. Mientras la noche pasaba Valeria se encontró con Dakota.
    -¿A qué se refería Ragenil con lo que te dijo allá adentro?- preguntó Valeria.
    -No le des importancia- dijo Dakota- no era nada importante que valga la pena escuchar, solo eran simples tonterías.
    -Pensé que se trataba de otra cosa, bueno, tienes que comprenderme, no solo a mí me extrañó, hay que considerar que Ragenil no es de mucha confianza, no sé por qué, pero siento que ya la había visto, es como si la conociese desde hace mucho,, pero creo que solo es una locura mía.
    -No lo creas así, yo también siento que ya la he visto, pero no sé en donde, jamás me había acercado por estos lados y mucho menos venir tan cerca de su casa.
    -Es como un deja vú.
    -No hay que darle importancia, mejor que la duda quede así, no vaya a ser que nos metamos en problemas por esto, yo no quiero tener problemas con ella, no te precipites a preguntarle de todo a los demás, en algún momento eso puede llegar a ser riesgoso.
    -Está bien, te obedeceré, ya no le preguntaré nada, te lo aseguro… no sé nada de ti, dime todo lo que quieras decirme.
    -No hay nada que decir- dijo Dakota mientras se alejaba.
    Cuando salieron de la mansión de Ragenil empezaron a escuchar los gritos de sus víctimas, los cuervos se paseaban por el panteón, que simulaba un jardín, anunciando la muerte de los inocentes sibrejus asesinados por la vampiresa más cruel de todo Crenostro, asesina infame creadora de grandes hecatombes. Los cuervos, oscuros como la noche, estremecían a cualquiera que los viera descansando, sobre las ramas de los árboles que rodeaban el castillo.
    Dakota se sentía tranquila de haber salido de ese lugar, de ese palacio tan parecido a un castillo medieval muy antiguo por la decoración de su interior, con pasadizos secretos y un toque gótico por fuera y por dentro, sus terroríficas gárgolas, que se podían encontrar en cualquier esquina y un gran salón cerrado con varios cerrojos de gran tamaño en donde todos supusieron que ella mantenía a sus víctimas. La plata no era bienvenida en los aposentos de Ragenil, solo oro poseía, la plata para ella era maldita, las sombras se apoderaban del lugar, lo que más presente tenía Dakota era esa gran gema en forma de gota de color vino que Ragenil llevaba en un llamativo collar, esa gema roja era de un color muy intenso y llamativo.
    Contiguo estaban de la aldea Vampir, era escalofriante, se veía muy desolada desde lo lejos, pero sabían que eso no era cierto, la aldea estaba cundida de feroces vampiros, lo mejor era atravesarla de día, pues en ese lugar ningún vampiro ocupaba el anillo, todos eran débiles a la luz del sol, pero poderosos cuando la luna se alzaba en lo alto del cielo.
    Tuvieron que atravesar la aldea Vampir de día, la aldea era grande, dudaban salir en el atardecer, el solo hecho de saber que la noche pronto se aproximaba les causaba una consternación muy grande como para detenerse a descansar, seguían a paso firme y sin vacilaciones, Dakota era la que iba a la cabeza, rápidamente caminaba por todo el lugar, no intentaba detenerse por ninguna razón, el retraso en este momento les podía resultar muy peligroso y hasta mortal.
    Cuando anocheció, ya se encontraban a un a distancia considerable de la aldea y muy poco les faltaba para llegar a los montes Mancro. La travesía fue muy complicada por la abundancia de gigantescos peñascos por los cuales tendrían que escalar para llegar a las grandes cavernas donde residían los tres adivinos encerrados en oráculos, las rocas eran muy lisas y puntiagudas, lo cual volvía más tedioso e insoportable el camino, pero no toda la travesía hasta lo más alto de la montaña fue así, cuando ya estaban un poco más en lo alto del camino   se hizo más fácil.

    El cansancio los venció a pocos tres kilómetros de las cavernas, decidieron descansar y continuar hasta el día siguiente, la noche era muy fría, ni siquiera la fogata los lograba mantener en calor, en parte el frío se debía a la gran altura en la que se encontraban, la neblina les impedía ver, esa fue otra razón por la que decidieron ceder al recorrido.

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