Dentro de una semana se celebrarían los quince años de Briseida y Britany, su padre estaba de vacaciones y las llevaría a Brasil a conocer Rio de Janeiro y aprovechando el viaje, llevarían a Valeria a conocer el Amazonas, ya que ese era su gran sueño, ella quería conocer el pulmón de la Tierra, esa majestuosidad llena de especies aún no vistas por el hombre. Las gemelas no querían hacer una gran fiesta, querían que su fiesta fuera un poco más familiar, pero sus padres no permitirían eso, ellos querían tirar la casa por la ventana, querían una fiesta tan lujosa con invitados de lujo.
Alistaron las maletas y salieron al aeropuerto. En un par de horas habían llegado a Rio de Janeiro, se hospedaron en un lujoso hotel de cinco estrellas que estaba cerca de la playa de arena blanca y caliente, habían un sol tan resplandeciente, como en todas las playas latinas, el Cristo Redentor se veía tan hermoso en lo alto parecía que les estaba dando la bienvenida, era un hermoso Rio de Janeiro, con majestuoso y deslumbrantes edificios, con un gran carnaval inundado de samba y ritmos propios del país, un lugar donde nadie duerme en días de fiesta sin antes haber bailado un poco.
Teresa y Cornelius reservaron un gran salón para la fiesta, pero para mientras ellos cinco y su pequeño chihuahua descansaría un rato por el largo viaje. Sus padres querían que la fiesta fuera muy especial e inolvidable, lo mismo harían con las fiestas de Eunice y Valeria y las llevarían donde ellas quisieran, no importaría si ellas pidieran ir a Groenlandia, no les importaría el clima del lugar, solo les importaría que sus hijas fueran felices aunque fuese en el Sahara, eran unos padres muy complacientes en todo y sus hijas muy obedientes.
Britany y Briseida entraron con sus grades vestidos rosados por la puerta principal, estaban tan lindas que su madre se puso a llorar de la emoción, se habían invitado a unas de las pocas amigas que tenían ambas, las amigas que ellas tenían eran adineradas y contaban con el dinero suficiente como para viajar a cualquier parte del mundo, de un día para otro habían llegado al país extranjero sin tantas molestias.
La mesa de los presentes estaba a un lado del salón, estaba repleta de regalos de todos los tamaños y formas, esa mesa parecía que no daba más abasto, sus amigas cuando las vieron corrieron a felicitarlas, todo el personal que se había contratado para la fiesta era del mejor que había en el hotel, los invitados iban engalanados con trajes de diseñador y costoso accesorios de finas piedras.
Todo fue alegría ese día, las gemelas les agradecieron a sus padres por la inolvidable fiesta. En la noche cuando ya todos los invitados se habían marchado ellas abrieron los regalos, en ellos había cosas tan finas y bellas que quedaron encantadas, sus padres les dijeron que sus regalos se los entregarían en casa, pues no se los podían dar ahí.
-¿Qué es?- preguntaron las dos al mismo tiempo.
- Son dos caballos, uno para cada una, les servirán para que anden por toda la hacienda que muy pronto compraremos, así que, qué más da que nos adelantemos un poco.- dijo Cornelius
- Gracias, se los agradezco mucho, siempre había querido un caballo.- expreso Briseida muy entusiasmada.
- Bueno- dijo su padre- ya es hora de irnos a dormir, mañana nos espera un largo día, primero iremos a la playa y luego, en la tarde iremos a ver al Cristo Redentor.
Todas obedecieron la orden y se dirigieron a las respectivas habitaciones del hotel, Britany y Briseida estaban tan contentas por la espectacular fiesta que les habían dado sus padres, pero lo que a ellas más les emocionaba era el hecho de que pronto podrían disfrutar de unos hermosos caballos que aguardaban en casa, aunque Britany hubiese querido un pony estaba satisfecha con lo que le darían.
La mañana era hermosa, el sol resplandecía en el horizonte, los pájaros cantaban, la brisa soplaba con una frescura casi celestial, Valeria fue la primera en levantarse para ver si el oslo era diferente en Rio de Janeiro, siempre que viajaba asía eso, era su pasión y su pasatiempo preferido.
Se arreglaron lo más rápido posible y se dispusieron a ir a la playa con un sol ardiente en el cielo, todo era maravilloso, el paisaje, el sol, la arena, cada detalle por más minúsculo que fuera, quedaron encantados y prometieron volver a Brasil en otra ocasión especial. Luego fueron a ver al Cristo Redentor que los recibió con los brazos abiertos al mundo, parecía que el tocaba los confines del cielo, pasaron en ese lugar casi toda la tarde.
Al día siguiente se marcharon al Amazonas para complacer a Valeria y compensar su cumpleaños, pues cuando ella cumplió años no pudieron salir a viajar y se quedaron en casa, como conocer el Amazonas era uno de sus grandes sueños, decidieron aprovechar el viaje a Brasil y como dicen "matar un pájaro de dos tiros".
Llegaron donde un guía que los llevaría a conocer los alrededores de la selva, al llegar sintieron una gran frescura, sentían como el aire fluía por sus cuerpos, nada de tecnología, solo había paz y tranquilidad, se sentía más vivos, más unidos consigo mismos, todo en esa fortaleza verde era perfecto, perfecto para desconectarse del mundo, se quedarían ahí en la selva por una semana conviviendo con la naturaleza y su entorno. El guía los llevo algo profundo en la selva a conocer grupos étnicos de la zona, ellos se quedarían en unas pequeñas cabañas hechas de madera y paja por los habitantes de la zona, el guía llegaría todos los días para guiarlos y seguirles mostrando más de la selva y sobre sus especies vegetales y animales.
Entraron a las habitaciones, eran muy diferentes a los lujosos hoteles a los que ellos estaban acostumbrados, nada de porcelanas, nada de finas sedas en las alcobas, nada de adornos de mármol, no se parecía en nada a lo que estaban acostumbrados, los mosquitos nos los dejaban tranquilos con sus insistentes picaduras, los grillos se escuchaban con gran claridad, la completa oscuridad que apenas era interrumpida por la tenue luz de luna y las estrellas o por alguna vela que se encendía en una cabaña aledaña. Se sentía una gran soledad, un silencio impenetrable que solo era interrumpido por los animalitos nocturnos del bosque.
Valeria sentía que en ese bosque había algo que la hacía sentirse que ya no era diferente, que si encajaba, nunca se había sentido tan relajada por esa angustia que la mataba por dentro, ya no se sentía rara, sentía que había algo que la completaba y que ese algo se encontraba cerca, más de lo que se imaginaba, no sabía que era, pero estaba segura de que haría todo lo posible por encontrarlo.
Amaneció, el día era perfecto para ir a dar una caminata, Valeria se arregló lo más pronto posible, tenía unas grandes ganas de ir a conocer lugares paradisiacos, cuando el guía llego todos estaban arreglados y ya habían desayunado, ya estaban listos para la expedición, pero la que estaba más ansiosa era Valeria, estaba tan animada por conocer un mundo diferente a una pradera y a un campo de flores.
Se dispusieron a marcharse, caminaron por horas, conocieron infinidad de plantas que nunca habían visto en su vida, tomaron fotos de cada cosa diferente que veían en su entorno, llego la hora del almuerzo y buscaron un lugar muy bonito y tranquilo para comer lo que llevaban, su madre en una cesta, había metido fruta, agua y lo que almorzarían, después de comer decidieron volver a la cabaña.
Iban recorriendo los mismos lugares por los que habían pasado en la mañana, Valeria se adelantó mucho de su familia e iban como a dos cuadras de distancia, a lo lejos Valeria escuchó que alguien cantaba con una hermosa voz por varios minutos; cada vez Valeria se adentraba más y más en la selva, corría cada vez más rápido, sentía que lo que estaba cantando la completaba, jamás había sentido esa sensación.
Cuando llego al lugar vio a una chica que estaba de espaldas, su pelo era liso y rubio, ella estaba contemplando las flores, Valeria se acercó a ella y le toco el hombro y le dijo:
-Disculpa ¿Cómo te llamas?
Rápidamente la extraña chica miro hacia atrás para ver quien le hablaba y respondió:
-Me llamo Dakota
Valeria se sorprendió al ver el rostro de la misteriosa chica, ambas eran idénticas, lo único que las diferenciaba era su cabello y el color de sus ojos, porque los de Dakota no eran azules como el mar, sino grises como un día lluvioso.
-Y esa cadenita- dijo Dakota señalando el cuello de Valeria-¿desde cuándo la tienes?
-la tengo desde que soy una bebé, no sé en realidad quien me la dio, pero siempre la he conservado y cuidado, siempre la utilizo.
-Se parece a esta- dijo Dakota sacándose una linda cadenita que estaba oculta en el cuello de su vestido- son idénticas.
No pasó mucho tiempo para que llegaran los padres de Valeria, ellos también se habían guiado por la voz que habían escuchado en el bosque, al ver a la otra chica quedaron perplejos, por un momento quedaron atónitos por el gran parecido que había entre Valeria y la otra chica de nombre Dakota.
-Chiquilla- dijo Teresa-¿en dónde están tus padres que no los veo por ningún lado? No deberías estar sola en estos lugares tan solitarios.
-No tengo padres señora- respondió Dakota- no sé qué es eso.
-Entonces eres huérfana al igual que Valeria- dijo Teresa- nosotros te podríamos adoptar y serias feliz con nosotros, tendrías todo lo que pidieses.
-No podría aceptarlo señora- respondió Dakota.
-¿Por qué no puedes Dakota?- preguntó Valeria
-Es que no puedo- respondió Dakota.
-Tienes que tener alguna muy buena razón para no aceptar mi propuesta, ò tienes algún protector que te lo impide, lo que sea dímelo.
-No señora, yo no poseo ningún protector ni nada que se le parezca, yo he venido aquí sola sin nadie más que yo misma.
-Entonces, no hay razón para que desaproveches esta oportunidad que te estoy dando, es una gran oportunidad que deberías desaprovechar, ahora dime.
-No puedo porque... bueno, es algo difícil de explicar.
-Está bien no te insistiré más, pero nos puedes acompañar a la cabaña en donde nos encontramos hospedados, eres bienvenida ahí.
-Está bien señora, gracias por su amabilidad, gracias por todo.
Todos, incluyendo a Dakota se dirigieron a la cabaña. Ya se veía el anochecer, se tenían que apresurar ò se perderían entre la oscuridad de la noche, se sentía una gran tranquilidad y un frio penetrante. Cuando por fin llegaron, buscaron una habitación extra para Dakota para que así pudiera descansar tranquila.

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