Era una cálida
mañana, Valeria se encontraba ya en el Amazonas, se hospedó en el mismo lugar
de la visita anterior, el lugar no había cambiado mucho, aún se mantenía igual.
Ansiosa por recorrer el lugar, no tardó mucho en desempacar, en el cielo se
podía observar un brillante y majestuoso sol que irradiaba luz en toda la selva
tapizada de verde esmeralda con avecillas cantoras que revoloteaban por todos los
rincones de este paraje.
Se alojó en una
pequeña cabaña, y emprendió su viaje al día siguiente de haber llegado a la
zona, iba vestida con unos pantalones de color azul, zapatos deportivos y una
camiseta un poco ligera, pues el calor era un poco insoportable, solo llevaba
una mochila con artefactos básicos de supervivencia. Por todas partes buscó a
Dakota, pero no la encontraba, la buscó en el mismo lugar en el que
desapareció, en el lugar en el que la vio por última vez; pero tampoco la
encontró ahí, era una tarea difícil de desempeñar, que por el momento no daba
fruto alguno, tal vez en lugar de acercarse se alejaba más, sentía que caminaba
en círculos, que no avanzaba, y en ese instante ya no encontró el camino de
regreso a la cabaña.
Valeria soltó en
llanto, pues se encontraba perdida, algo que era nuevo para ella, la selva se
hacía cada vez más confusa, los sonidos de los animales se hicieron más agudos,
los árboles se sentían más envolventes, pero todo esto se debía al miedo que
sentía Valeria. Pronto dejó de lloriquear y se armó de valor, con unas ramas y
un árbol que ella consideró perfecto, empezó a construir un refugio donde pasar
el resto de la noche. Cuando amaneció, se dispuso a buscar provisiones, algo
que no le fue muy trabajoso considerando el lugar en el que se encontraba, lo
único que no encontró fue agua, pero eso no era un problema considerando la
gran cantidad de agua que contenían las frutas que ella había recolectado,
después de recolectar comida se puso
descansar, en ese instante la llegó una loca idea, su idea era:
-Si ya me
encuentro perdida, qué más da adentrarme en la selva, no me será difícil
encontrar refugio, alimento solo el agua me costará un poco más, así me será
más fácil encontrar a Dakota.
Y así fue, caminaba
largas distancias gritando el nombre de su hermana, pero no la encontraba,
anochecía y aun la seguía buscando incansablemente. Habían pasado un poco más
de cinco días, era hora de retomar la búsqueda, Valeria se encontraba un poco
débil, en ese mismo instante escuchó un ruido que la impacientó mucho.
-Dakota ¿eres tú?-
preguntó Valeria con un poco de temor.
No escuchó nada,
solo pudo observar que unos árboles se movían, al poco esperar se dio cuenta que
lo que producía ese sonido era una liebre, se puso triste al saber que no era
Dakota, por momentos se le escapaban suspiros de resignación.
Llegó el oslo y
Valeria emprendió su camino, de pronto escuchó el crujir de una rama, al ver
hacia arriba de ella, vio que esa rama le caería encima, solo se pudo escuchar
su grito, de pronto volvió a mirar hacia arriba, la rama se encontraba
suspendida sobre ella, una fuerza misteriosa, casi mágica, la mantenía
levantada; pero luego, esa rama fue lanzada lejos de ella, con una gran fuerza.
-Ahhhh –gritó
despavorida Valeria, pues para poder mover esa rama se necesitaba una fuerza
casi sobrehumana, después de eso se quedó un poco histérica.
-¿Valeria, eres
tú?-preguntó una voz a lo lejos.
-Soy yo, Dakota.
-Enserio eres tú.
-Si- respondió
Dakota dirigiéndose hacia donde Valeria se encontraba.
-Tanto tiempo sin
verte, ¿Qué te habías hecho? No supimos nada de ti en mucho tiempo ¿Cómo
desapareciste sin dejar rastro? ¿Por qué…?
-Paciencia, una
pregunta a la vez, no soy una máquina.
-Entonces responde
mi primera pregunta.
-Está bien… yo me
encontraba en mi casa, todo este tiempo lo dediqué a estudiar a aprender más y
a poner en práctica todo lo estudiado y aprendido.
-¿En algún
colegio?
-Es algo así.
-¿Dónde queda ese
colegio?
-Es… es algo
difícil de explicar.
-Igual que lo que
te pregunté cuando te conocí, difícil de explicar.
-Si estuvieras en
mi lugar, tú también me dirías lo mismo.
-No lo creo, te
trataría de explicar de la mejor manera posible, no sería como tú, yo si te
explicaría.
-Tú no me
comprendes.
-Claro que te
comprendo, no es que no puedas explicármelo, es que no quieres explicarme,
pensé que serias una mejor… una mejor hermana.
-No es así como tú
dices, eres mi hermana y por supuesto que quiero explicarte todo lo que sucede,
pero tú no comprendes lo complicado del asunto.
-¿Y cómo es
entonces?
-No puedo
explicarlo.
-Lo ves, mejor
dime no quiero.
-Si estas
dispuesta a irte y no regresar hasta mucho tiempo después, podrás saber las
repuestas a todas tus dudas, esa es la única forma de la que yo te puedo
explicar toda esta situación.
-Está bien, esta
vez sí lo haré.
-Entonces en
marcha.
-¿Hacia dónde
quieres ir?
-Al mismo lugar en
el cual desaparecí.
-No entiendo nada.
-Ya lo entenderás
hermanita.
-¿Por qué tanto
misterio Dakota?
-Ya lo verás.
-Solo eso me
dices.
Al rato de caminar
llegaron a la catarata, Dakota le dijo a Valeria que escalara hasta lo más
alto, ella obedeció, Dakota iba detrás de ella, cuando llegaron a la cúspide de
la cascada, Dakota le dijo a Valeria que se lanzara al agua.
-¡¡¡qué!!!-
exclamó asombrada Valeria- pretendes que me mate.
-¡No!, pero si
lánzate, pero antes de hacerlo o cuando estés cayendo menciona: pocstú iat
korut.
-¿El qué? Me lo
puedes repetir por favor.
-Es pocstú iat
korut, repítelo para ver si lo puedes mencionar.
-Obvio que puedo,
es pocstú iat korut- dijo antes de ser lanzada por Dakota hacia el vacío o
mejor dicho al rio que se forma por obra de la catarata.
Dakota se lanzó
después de Valeria mencionando las mismas extrañas palabras, la catarata media
casi cincuenta metros de altura, Valeria en ningún momento sintió que su cuerpo
golpease el agua, sintió como que si cayese en un precipicio sin fondo. Cuando
por fin llegó al final, no sintió agua, lo que sintió era su cuerpo golpeándose
contra el suelo y a la par de ese suelo corría un rio diferente al del que se
había lanzado, era más ancho y de un azul más oscuro, su agua era más pura.
Dakota cayó a la par de Valeria. Valeria se levantó algo desconcertada, no
podía ubicar en donde se encontraba, estaba un poco mareada y algo pálida así
que después de unos segundos vomitó.
-No te preocupes, pronto te acostumbrarás a
viajar de este modo y luego lo tomaras como algo normal-dijo Dakota.
-¿Qué? Yo,
acostumbrarme a esto, ni siquiera sé que es lo que acaba de ocurrir, estoy más
confundida que antes, creo que seguirte no ha sido una buena idea.
-Me causa una gran
gracia saber que no comprendes nada de lo que te digo, es muy divertido verte
confundida de esta manera.
-Está bien,
diviértete conmigo, por lo menos sé que te he causado una gran gracia, y que
bien me podrías estar engañando, pero yo y mi necedad han decidido creer todo
lo que me digas y eso que no te conozco bien.
-No te pongas así,
ni que yo fuera mala y te trajera aquí solo para cumplir mis siniestros planes-
dijo sarcásticamente Dakota- ya me imagino, yo como la villana de la historia,
eres más graciosa de lo que pensé.
-Ya basta- dijo
entre risas Valeria- solo quiero saber todo lo que sucede aquí, no quiero que
me tomes por ignorante y te burles de mí.

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