viernes, 20 de marzo de 2015

Capítulo 3

    El tiempo que Dakota y Valeria pasaron juntas, fue muy agradable para las dos. Valeria le contó a Dakota como era la casa en la que ella vivía, la dijo que era una gran mansión, que más que una mansión parecía un castillo.
    -y tu ¿en dónde vives Dakota?
    -¿Yo?
    -Si tu- dijo un poco desconcertada Valeria por la forma en que Dakota le había contestado.
    -Mi casa, bueno en realidad no tengo una casa fija y la que tengo es mucho más pequeña que la tuya, no tengo sirvientes, no tengo cosas elegantes como la que tú me cuentas que tienes en tu casa, nunca canto, nunca bailo, no tengo a lo que tú le llamas familia, no tengo ninguna de esas comodidades y tampoco tiempo libre para apreciar la naturaleza, la belleza del exterior, tienes mucha suerte de no ser yo, no sabes de lo que te has salvado.
    -No creo que sea suerte, más bien ese es mi destino y podría ser el tuyo, pero eso solo si tu así lo decides, tu vida cambiaria podríamos ser hermanas y mis hermanas también serían tus hermanas.
    -Valeria, en realidad si somos hermanas.
    -¿Por qué lo dices Dakota?
    -¿Acaso no es obvio? Aparte de nuestro gran parecido, de donde yo vengo todos poseen una cadenita como las nuestras, todas son diferentes, no hay ninguna igual, pero cuando dos son totalmente iguales quiere decir que los portadores de estas son hermanos o hermanas, no gemelos exactamente así como nosotras.
    -Pero si somos hermanas dime de dónde vienes, quiero saber de dónde provengo, por favor dímelo, ya no quiero tener esta duda que no me deja en paz.
    -No te lo puedo decir.
    -¿Por qué?
    -Porque si te lo digo tendrías que ir a ese lugar y sería muy difícil regresar a aquí, porque a mi tocara regresar hasta cuando tenga dieciocho años. No se puede ir y venir cuando uno quiere, es más complicado de lo que crees, pero cuando ya tienes esa edad puedes ir y venir cuando quieras, ahí ya no será un obstáculo, lo único que si tienes que esperar un cierto tiempo.
    -Pero enserio quisiera conocer ese lugar, quiero saber más de mí, quiero descubrir quién soy, por favor…
    -Lo siento mucho, a menos de que estés dispuesta a ir y regresar años después aquí y sin contarle a nadie sobre ese lugar, de lo contrario no puedo ayudarte.
    -No, no puedo irme por tanto tiempo.
    -Entonces, no te puedo ayudar.
    Valeria se puso triste porque no podría saber de donde era, eso era lo que ella más deseaba. Todo mientras duro fue bueno, bueno de una manera que las dos se sentían felices; pero la felicidad duraría poco, ya que Dakota se tenía que marchar.
    El día era cálido, como las mañanas en Rio de Janeiro, Valeria se dirigió a la habitación de Dakota, pero para su sorpresa Dakota no se encontraba ahí, había escapado, Valeria se puso muy neurótica y salió corriendo, sus padres al verla la siguieron, pero Valeria corría demasiado rápido, no se detenía por nada, por nada que se interpusiese en su camino. Al llegar a una pequeña catarata que se encontraba cerca, se detuvo porque escuchó que alguien grito su nombre, al ver atrás de ella se dio cuenta de que se trataba de Dakota.
    -¿Por qué te fuiste sin avisarme?- dijo muy preocupada Valeria- tenemos que regresar, vámonos- dijo extendiéndole la mano, la cual no fue aceptada por Dakota.
    -¿Qué no entiendes? Me tengo que ir, por nada del mundo me puedo quedar en este lugar, yo también tengo mi vida y muchas cosas que resolver, jamás me quedaría en este lugar.
    -Pero- dijo Valeria entre sollozos-¿Por qué? ¿Por qué no te puedes quedar? Viviríamos juntas, tendrías todo lo que quisieras, todo lo que puedes soñar, nunca te faltaría nada, tendrías una familia.
    -Crees que eso no me gustaría, claro que me encantaría, pero esa no es la razón por la que vine a este lugar, mis planes son otros, el dinero de tu familia no puede darme lo que yo quiero.
    -¿Qué es lo que quieres?
    -El tiempo te lo dirá hermanita, el tiempo te lo dirá, yo no pertenezco a este lugar y no te lo digo figurativamente, te lo digo literalmente, no pertenezco a este mundo y tú tampoco eres de aquí, te digo por qué, porque somos hermanas, y otra razón es esa cadenita que posees, si tu cadenita o la mía dejan de brillar es porque la otra ha muerto, si tu mueres y yo estoy aquí, en tú mundo, quedaré atrapada aquí y no podré regresar a mi mundo y lo mismo te ocurriría a ti hermana, sería bueno que me acompañaras, pero no quieres y no sabes lo que te pierdes, así que cuando tú quieras conocer mi mundo estaré dispuesta a mostrártelo, yo te llevaré, pero cuando sea conveniente .
    -No te entiendo.
    -No lo entenderás hasta que lo veas con tus propios ojos, hasta pronto.
    En ese instante Dakota se dispuso a escalar para llegar a lo más alto de la catarata, al llegar ahí se despidió de Valeria, dio unos pasos hacia atrás para agarrar impulso y luego se lanzó hacia la catarata, solo se escuchó el sonido del agua que golpeó que golpeaba el cuerpo de Dakota, cuando en un momento de locura Valeria se quiso tirar al río su madre la detuvo y le prometió que buscarían a Dakota; pero por más que buscaron no la encontraron por ningún lado. Valeria sabía que no estaba muerta pues su collar no dejaba de resplandecer y de brillar, por esa razón se mantenía más calmada, pero lo más intrigante era no saber el paradero de su hermana, era como que si la tierra se la hubiese tragado, nadie puede desaparecer sin dejar rastro, es como si Dakota nunca hubiese existido y todo hubiese sido un sueño, lo que más le era que no poder pasar tiempo con su hermana a la cual apenas acababa de conocer.
    Valeria solo notó que en su mano había una pequeña cicatriz, pero no le dio mucha importancia a eso.
    Había pasado más de un mes desde que desapareció Dakota, no se supo nada de ella, nadie la conocía, Valeria se encontraba muy triste, su familia intentaba consolarla, pero de sus ojos siempre brotaba un caudal de lágrimas. Pronto tendrían que marcharse y regresar a los Estados Unidos, tendrían que dejar todo eso atrás, sería algo muy duro para Valeria, no podían quedarse más tiempo, tenían que continuar con sus vidas, Valeria no quería, renegó todo el tiempo para poder quedarse en el Amazonas.
    Valeria quiso pasar su última semana en ese lugar, sola, sin nadie más que la molestara, era como que si estuviese desperdiciando su tiempo en nada, un tiempo que pudo haber aprovechado para conocer más la selva, para ver animales en su hábitat natural, el cantar de las aves, el suave movimiento de las ramas de los árboles, el croar de las ranas, toda la belleza contenida en ese lugar eran desaprovechadas por Valeria, ya no se interesaba en conocer más a fondo lo que tanto había deseado conocer en toda su vida.

    Las maletas ya estaban hechas, todo listo para marcharse de allí, la única que no estaba lista era Valeria, le sería muy difícil marcharse sin saber nada sobre su hermana biológica, su hermana de sangre, cada cosa en el Amazonas hacia que Valeria se acordara de Dakota, pero llegó el momento de regresar a casa, alejándose del verdor de las hojas, de exuberantes aromas, de una selva virgen. Solo se escucharon los sollozos de Valeria.

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