El tiempo que
Dakota y Valeria pasaron juntas, fue muy agradable para las dos. Valeria le
contó a Dakota como era la casa en la que ella vivía, la dijo que era una gran
mansión, que más que una mansión parecía un castillo.
-y tu ¿en dónde
vives Dakota?
-¿Yo?
-Si tu- dijo un
poco desconcertada Valeria por la forma en que Dakota le había contestado.
-Mi casa, bueno en
realidad no tengo una casa fija y la que tengo es mucho más pequeña que la
tuya, no tengo sirvientes, no tengo cosas elegantes como la que tú me cuentas
que tienes en tu casa, nunca canto, nunca bailo, no tengo a lo que tú le llamas
familia, no tengo ninguna de esas comodidades y tampoco tiempo libre para
apreciar la naturaleza, la belleza del exterior, tienes mucha suerte de no ser
yo, no sabes de lo que te has salvado.
-No creo que sea
suerte, más bien ese es mi destino y podría ser el tuyo, pero eso solo si tu
así lo decides, tu vida cambiaria podríamos ser hermanas y mis hermanas también
serían tus hermanas.
-Valeria, en
realidad si somos hermanas.
-¿Por qué lo dices
Dakota?
-¿Acaso no es obvio?
Aparte de nuestro gran parecido, de donde yo vengo todos poseen una cadenita
como las nuestras, todas son diferentes, no hay ninguna igual, pero cuando dos
son totalmente iguales quiere decir que los portadores de estas son hermanos o
hermanas, no gemelos exactamente así como nosotras.
-Pero si somos
hermanas dime de dónde vienes, quiero saber de dónde provengo, por favor
dímelo, ya no quiero tener esta duda que no me deja en paz.
-No te lo puedo
decir.
-¿Por qué?
-Porque si te lo
digo tendrías que ir a ese lugar y sería muy difícil regresar a aquí, porque a
mi tocara regresar hasta cuando tenga dieciocho años. No se puede ir y venir
cuando uno quiere, es más complicado de lo que crees, pero cuando ya tienes esa
edad puedes ir y venir cuando quieras, ahí ya no será un obstáculo, lo único
que si tienes que esperar un cierto tiempo.
-Pero enserio
quisiera conocer ese lugar, quiero saber más de mí, quiero descubrir quién soy,
por favor…
-Lo siento mucho,
a menos de que estés dispuesta a ir y regresar años después aquí y sin contarle
a nadie sobre ese lugar, de lo contrario no puedo ayudarte.
-No, no puedo irme
por tanto tiempo.
-Entonces, no te
puedo ayudar.
Valeria se puso
triste porque no podría saber de donde era, eso era lo que ella más deseaba.
Todo mientras duro fue bueno, bueno de una manera que las dos se sentían
felices; pero la felicidad duraría poco, ya que Dakota se tenía que marchar.
El día era cálido,
como las mañanas en Rio de Janeiro, Valeria se dirigió a la habitación de
Dakota, pero para su sorpresa Dakota no se encontraba ahí, había escapado,
Valeria se puso muy neurótica y salió corriendo, sus padres al verla la
siguieron, pero Valeria corría demasiado rápido, no se detenía por nada, por
nada que se interpusiese en su camino. Al llegar a una pequeña catarata que se
encontraba cerca, se detuvo porque escuchó que alguien grito su nombre, al ver
atrás de ella se dio cuenta de que se trataba de Dakota.
-¿Por qué te
fuiste sin avisarme?- dijo muy preocupada Valeria- tenemos que regresar,
vámonos- dijo extendiéndole la mano, la cual no fue aceptada por Dakota.
-¿Qué no entiendes?
Me tengo que ir, por nada del mundo me puedo quedar en este lugar, yo también
tengo mi vida y muchas cosas que resolver, jamás me quedaría en este lugar.
-Pero- dijo
Valeria entre sollozos-¿Por qué? ¿Por qué no te puedes quedar? Viviríamos
juntas, tendrías todo lo que quisieras, todo lo que puedes soñar, nunca te
faltaría nada, tendrías una familia.
-Crees que eso no
me gustaría, claro que me encantaría, pero esa no es la razón por la que vine a
este lugar, mis planes son otros, el dinero de tu familia no puede darme lo que
yo quiero.
-¿Qué es lo que
quieres?
-El tiempo te lo dirá hermanita, el tiempo te
lo dirá, yo no pertenezco a este lugar y no te lo digo figurativamente, te lo
digo literalmente, no pertenezco a este mundo y tú tampoco eres de aquí, te
digo por qué, porque somos hermanas, y otra razón es esa cadenita que posees,
si tu cadenita o la mía dejan de brillar es porque la otra ha muerto, si tu
mueres y yo estoy aquí, en tú mundo, quedaré atrapada aquí y no podré regresar
a mi mundo y lo mismo te ocurriría a ti hermana, sería bueno que me acompañaras,
pero no quieres y no sabes lo que te pierdes, así que cuando tú quieras conocer
mi mundo estaré dispuesta a mostrártelo, yo te llevaré, pero cuando sea
conveniente .
-No te entiendo.
-No lo entenderás
hasta que lo veas con tus propios ojos, hasta pronto.
En ese instante
Dakota se dispuso a escalar para llegar a lo más alto de la catarata, al llegar
ahí se despidió de Valeria, dio unos pasos hacia atrás para agarrar impulso y
luego se lanzó hacia la catarata, solo se escuchó el sonido del agua que golpeó
que golpeaba el cuerpo de Dakota, cuando en un momento de locura Valeria se
quiso tirar al río su madre la detuvo y le prometió que buscarían a Dakota;
pero por más que buscaron no la encontraron por ningún lado. Valeria sabía que
no estaba muerta pues su collar no dejaba de resplandecer y de brillar, por esa
razón se mantenía más calmada, pero lo más intrigante era no saber el paradero
de su hermana, era como que si la tierra se la hubiese tragado, nadie puede
desaparecer sin dejar rastro, es como si Dakota nunca hubiese existido y todo
hubiese sido un sueño, lo que más le era que no poder pasar tiempo con su
hermana a la cual apenas acababa de conocer.
Valeria solo notó
que en su mano había una pequeña cicatriz, pero no le dio mucha importancia a
eso.
Había pasado más
de un mes desde que desapareció Dakota, no se supo nada de ella, nadie la
conocía, Valeria se encontraba muy triste, su familia intentaba consolarla,
pero de sus ojos siempre brotaba un caudal de lágrimas. Pronto tendrían que
marcharse y regresar a los Estados Unidos, tendrían que dejar todo eso atrás,
sería algo muy duro para Valeria, no podían quedarse más tiempo, tenían que
continuar con sus vidas, Valeria no quería, renegó todo el tiempo para poder
quedarse en el Amazonas.
Valeria quiso
pasar su última semana en ese lugar, sola, sin nadie más que la molestara, era
como que si estuviese desperdiciando su tiempo en nada, un tiempo que pudo
haber aprovechado para conocer más la selva, para ver animales en su hábitat
natural, el cantar de las aves, el suave movimiento de las ramas de los
árboles, el croar de las ranas, toda la belleza contenida en ese lugar eran
desaprovechadas por Valeria, ya no se interesaba en conocer más a fondo lo que
tanto había deseado conocer en toda su vida.
Las maletas ya
estaban hechas, todo listo para marcharse de allí, la única que no estaba lista
era Valeria, le sería muy difícil marcharse sin saber nada sobre su hermana
biológica, su hermana de sangre, cada cosa en el Amazonas hacia que Valeria se
acordara de Dakota, pero llegó el momento de regresar a casa, alejándose del
verdor de las hojas, de exuberantes aromas, de una selva virgen. Solo se
escucharon los sollozos de Valeria.


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