Había pasado más
de un mes desde que Valeria había llegado a Londres, tenía muy buenas amigas.
Casi todos los días les llamaba a sus padres y cada mes ellos recibían una
carta de ella y ellos la respondían al igual que sus hermanas. Donde Valeria
estudiaba era muy grande y había cientos de habitaciones. Una de las cartas que
ella envió a sus padres decía.
“Para mis queridos
padres: La he pasado muy bien en Londres, mis maestros son muy buenos conmigo y
me han enseñado muchas cosas. Me he hecho de muy buenas amigas, son las mejores
que he conocido, pero no se comparan con mis hermanas, mis amigas han sido muy
amables conmigo, me tratan como si fuese hermana de ellas, me han ayudado a
superar mucho lo de mis dos hermanas, los extraño mucho, por esa razón los iré
a visitar pronto.
Les cuento que la
directora Victoria me estaba contando que en esta institución cada año los
alumnos realizan viajes a otras ciudades, hace poco fueron a Paris, mis amigos
cuentan que les gustó mucho esa ciudad y que piensan volver muy pronto. Ya es
hora de despedirme, espero que la pasen muy bien, les dicen a mis hermanas que
las quiero mucho y que las extraño, quisiera que ellas estuvieran aquí, que
conocieran más a fondo esta ciudad, hasta pronto…”
Valeria tenía
compañeros de todas partes del mundo, la mayoría eran hijos de ricos, de la
misma clase social que ella, todos con historias tan diferentes. Una de sus
compañeras se llamaba Elisa, con ella compartía habitación, Elisa era alta,
delgada, su cabello era negro como la noche, de piel blanca y ojos marrones,
tenía la misma edad de Valeria, la diferencia era solo por unos cuantos meses.
Cada día que
pasaba Valeria sentía algo, algo que no podía explicar, era un dolor
inexplicable que la hacía gritar, o abecés sentía que se quemaba por dentro, y
la consumía poco a poco un fuego intenso ò que se ahogaba, nadie la podía
entender, algunos decían que estaba loca, otros trataban de comprenderla,
aunque les era imposible. Elisa trataba de comprenderla un poco más que el
resto de sus amigos, Valeria le agradecía a Elisa por ser tan buena con ella.
Elisa era muy
optimista, todo en la vida para ella simbolizaba la felicidad. El padre de
Elisa era dueño de una gran fortuna, al igual que de muchos restaurantes de
gran prestigio, la madre de Elisa era una bailarina profesional. Elisa no
quería ser lo que sus padres querían que fuera.
Ella quería ser como las alondras, volar por todas partes sin
preocupaciones y disfrutando de la vida, al igual que Valeria, Elisa tenía
muchos amigos y amigas.
Valeria sentía que
los días nunca pasaban, que cada hora era interminable, que los segundos se
congelaban y sentía que su cadenita la quemaba, era el collar el que hacía que
sintiese ese dolor, no le encontraba solución a su problema, intentaba quitarse
la cadenita, pero no podía hacerlo, y no porque no quisiese, era como si la
cadenita estuviera adherida a Valeria; intentó quitársela de todas las formas
posibles, pero jamás lo logró.
-Ay Elisa no sé
qué le pasa e esta cadena-dijo Valeria.
-Pero ¿Por qué no
te la puedes quitar?- cuando Elisa preguntó esto tocó la cadena y dio un gran
grito- está muy caliente
-Es lo que he tratado
de explicarles.
-Lo raro es que
jamás te ha dejado alguna marca o cicatriz.
-Tienes razón, no
sé qué es esto. ¿Te acuerdas que una vez te conté sobre una hermana mía que se
llama Dakota?
-Sí, lo recuerdo
muy bien.
-Pues no te lo
conté todo, no te conté sobre la existencia de otro collar, el cual es igual al
que yo poseo.
-Enserio,
¿entonces a Dakota también le estará pasando lo mismo?
-En realidad no lo
sé, lo único bueno es que mi collar nunca ha dejado de brillar y solo puede
significar una sola cosa.
-¿Qué significa
eso?
-Que Dakota aún
sigue viva.
-Pero… me dijiste
que ella se había lanzado desde una cascada algo alta y que nunca apareció por
más que la buscaron.
-Sí, tienes razón,
pero me dijo que mientras mi collar brillara, ella estaría viva y que cuando mi
collar dejara de brillar ella habría de estar muerta.
-No entiendo…
-Yo estoy igual,
no entiendo por qué me dijo eso. Un collar no te puede dar esa clase de
información, es ilógico.
-Entonces por qué
no vas al lugar en donde la conociste.
-Es que… ella me
dijo que no regresaría hasta que cumpliera dieciocho años de edad y que no
podía regresar antes.
-Para eso falta
poco menos de seis años, un tiempo algo largo, pero vale la pena esperar, y más
por esta razón.
-Así que cuando yo
cumpla los dieciocho iré al Amazonas otra vez y esta vez, todo será distinto, iré con ella al lugar del
cual me habló.
-Es muy raro todo
lo que te pasó en esas vacaciones, nunca había oído algo igual o semejante.
-Lo más raro de
todo es algo que ella me dijo, me dijo que ella no pertenecía a este mundo y
que tampoco yo pertenecía aquí.
-Quizá estaba
hablando en clave.
-No lo creo, por
qué razón habría ella de hablarme codificado, no tiene sentido, no parecía que
se estuviese ocultando de algo.
-No lo sé, solo
doy mi opinión.
-Gracias, pero no
me ha ayudado de nada en este momento, todo es muy confuso como para intentar
resolverlo de la manera más simple.
-Entonces tu única
solución es ir de vacaciones al Amazonas dentro de cómo seis años o cinco
considerando el tiempo que falta para tu próximo cumpleaños.
-Sí, esa es la
única solución lógica.
-Siento mucho no
poder ayudarte en más, tú sabes que no soy buena resolviendo problemas, si
fuera detective tal vez te podría ayudar.
-Con la ayuda que
me das ya es suficiente.
-No lo es, yo sé
que no lo es.
-¿Por qué lo
dices?
-Porque ni yo
misma he podido resolver mis propios problemas, ya me imagino si fueran así
como los tuyos, yo no soportaría tanta ofuscación, ya me hubiera dado por
vencida.
-Yo no lo veo así,
siempre hay que buscar la solución de los problemas y darse por vencidos no es
una muy buena solución.
-Lo sé, pero yo no
soy como tú Valeria.
-Te comprendo,
todas somos diferentes.
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