viernes, 20 de marzo de 2015

Capítulo 6

    Había pasado más de un mes desde que Valeria había llegado a Londres, tenía muy buenas amigas. Casi todos los días les llamaba a sus padres y cada mes ellos recibían una carta de ella y ellos la respondían al igual que sus hermanas. Donde Valeria estudiaba era muy grande y había cientos de habitaciones. Una de las cartas que ella envió a sus padres decía.
    “Para mis queridos padres: La he pasado muy bien en Londres, mis maestros son muy buenos conmigo y me han enseñado muchas cosas. Me he hecho de muy buenas amigas, son las mejores que he conocido, pero no se comparan con mis hermanas, mis amigas han sido muy amables conmigo, me tratan como si fuese hermana de ellas, me han ayudado a superar mucho lo de mis dos hermanas, los extraño mucho, por esa razón los iré a visitar pronto.
    Les cuento que la directora Victoria me estaba contando que en esta institución cada año los alumnos realizan viajes a otras ciudades, hace poco fueron a Paris, mis amigos cuentan que les gustó mucho esa ciudad y que piensan volver muy pronto. Ya es hora de despedirme, espero que la pasen muy bien, les dicen a mis hermanas que las quiero mucho y que las extraño, quisiera que ellas estuvieran aquí, que conocieran más a fondo esta ciudad, hasta pronto…”
    Valeria tenía compañeros de todas partes del mundo, la mayoría eran hijos de ricos, de la misma clase social que ella, todos con historias tan diferentes. Una de sus compañeras se llamaba Elisa, con ella compartía habitación, Elisa era alta, delgada, su cabello era negro como la noche, de piel blanca y ojos marrones, tenía la misma edad de Valeria, la diferencia era solo por unos cuantos meses.
    Cada día que pasaba Valeria sentía algo, algo que no podía explicar, era un dolor inexplicable que la hacía gritar, o abecés sentía que se quemaba por dentro, y la consumía poco a poco un fuego intenso ò que se ahogaba, nadie la podía entender, algunos decían que estaba loca, otros trataban de comprenderla, aunque les era imposible. Elisa trataba de comprenderla un poco más que el resto de sus amigos, Valeria le agradecía a Elisa por ser tan buena con ella.
    Elisa era muy optimista, todo en la vida para ella simbolizaba la felicidad. El padre de Elisa era dueño de una gran fortuna, al igual que de muchos restaurantes de gran prestigio, la madre de Elisa era una bailarina profesional. Elisa no quería ser lo que sus padres querían que fuera.  Ella quería ser como las alondras, volar por todas partes sin preocupaciones y disfrutando de la vida, al igual que Valeria, Elisa tenía muchos amigos y amigas.
    Valeria sentía que los días nunca pasaban, que cada hora era interminable, que los segundos se congelaban y sentía que su cadenita la quemaba, era el collar el que hacía que sintiese ese dolor, no le encontraba solución a su problema, intentaba quitarse la cadenita, pero no podía hacerlo, y no porque no quisiese, era como si la cadenita estuviera adherida a Valeria; intentó quitársela de todas las formas posibles, pero jamás lo logró.
    -Ay Elisa no sé qué le pasa e esta cadena-dijo Valeria.
    -Pero ¿Por qué no te la puedes quitar?- cuando Elisa preguntó esto tocó la cadena y dio un gran grito- está muy caliente
    -Es lo que he tratado de explicarles.
    -Lo raro es que jamás te ha dejado alguna marca o cicatriz.
    -Tienes razón, no sé qué es esto. ¿Te acuerdas que una vez te conté sobre una hermana mía que se llama Dakota?
    -Sí, lo recuerdo muy bien.
    -Pues no te lo conté todo, no te conté sobre la existencia de otro collar, el cual es igual al que yo poseo.
    -Enserio, ¿entonces a Dakota también le estará pasando lo mismo?
    -En realidad no lo sé, lo único bueno es que mi collar nunca ha dejado de brillar y solo puede significar una sola cosa.
    -¿Qué significa eso?
    -Que Dakota aún sigue viva.
    -Pero… me dijiste que ella se había lanzado desde una cascada algo alta y que nunca apareció por más que la buscaron.
    -Sí, tienes razón, pero me dijo que mientras mi collar brillara, ella estaría viva y que cuando mi collar dejara de brillar ella habría de estar muerta.
    -No entiendo…
    -Yo estoy igual, no entiendo por qué me dijo eso. Un collar no te puede dar esa clase de información, es ilógico.
    -Entonces por qué no vas al lugar en donde la conociste.
    -Es que… ella me dijo que no regresaría hasta que cumpliera dieciocho años de edad y que no podía regresar antes.
    -Para eso falta poco menos de seis años, un tiempo algo largo, pero vale la pena esperar, y más por esta razón.
    -Así que cuando yo cumpla los dieciocho iré al Amazonas otra vez y esta vez,  todo será distinto, iré con ella al lugar del cual me habló.
    -Es muy raro todo lo que te pasó en esas vacaciones, nunca había oído algo igual o semejante.
    -Lo más raro de todo es algo que ella me dijo, me dijo que ella no pertenecía a este mundo y que tampoco yo pertenecía aquí.
   -Quizá estaba hablando en clave.
    -No lo creo, por qué razón habría ella de hablarme codificado, no tiene sentido, no parecía que se estuviese ocultando de algo.
    -No lo sé, solo doy mi opinión.
    -Gracias, pero no me ha ayudado de nada en este momento, todo es muy confuso como para intentar resolverlo de la manera más simple.
    -Entonces tu única solución es ir de vacaciones al Amazonas dentro de cómo seis años o cinco considerando el tiempo que falta para tu próximo cumpleaños.
    -Sí, esa es la única solución lógica.
    -Siento mucho no poder ayudarte en más, tú sabes que no soy buena resolviendo problemas, si fuera detective tal vez te podría ayudar.
    -Con la ayuda que me das ya es suficiente.
    -No lo es, yo sé que no lo es.
    -¿Por qué lo dices?
    -Porque ni yo misma he podido resolver mis propios problemas, ya me imagino si fueran así como los tuyos, yo no soportaría tanta ofuscación, ya me hubiera dado por vencida.
    -Yo no lo veo así, siempre hay que buscar la solución de los problemas y darse por vencidos no es una muy buena solución.
    -Lo sé, pero yo no soy como tú Valeria.

    -Te comprendo, todas somos diferentes.

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